martes, 29 de julio de 2014

HZM

Hazme sentir como en un día soleado, 
pero con aire frío.
Hazme sentir como el sonido de mis zapatos
al rozar el suelo mojado.
Hazme sentir como el barniz efecto espejo, 
el beat adecuado, 
la cantidad justa de té verde, 
el agua helada en un día caliente,
el olor de un libro añejado en el librero,
la alta definición,
la película que me hace llorar de la emoción.
Hazme sentir infinita, etérea, sublime y potenciada.
Hazme sentir como tú:
PERFECTO. 

domingo, 27 de julio de 2014

Parte 1.

Yo nunca olvido un rostro. Jamás. Tengo tan buena memoria para éso, no para las matemáticas, no para la cocina... Quizá no recuerde tu nombre ni en dónde nos conocimos, sólo sé que vi tu cara en alguna parte y éso es lo único que importa. 

Pero, ¿para qué me serviría tremendo don? 

Caminas rumbo al metro, y te topas con empleados, estudiantes, bebés, taxistas, vagabundos, gente sentada en la banqueta esperando que las repuestas que exige su vida bajen a través del rayo de luz solar que cae tan duramente sobre nuestras cabezas. Sabes que las recordarás, que por más que quieras, estarán almacenadas allí, en algún espacio de tu cerebro. 

Sacas la cartera, compras dos boletos, pasas los torniquetes, subes las escaleras, bajas las escaleras, caminas al fondo del andén, siempre lo mismo. Hay veces que no sabes cómo es que de tu cama llegaste hasta allá. La rutina. Tienes los audífonos rosas puestos. El volumen es tan alto que no escucharías ni los gritos tipludos que emanan del aparato fonador de tu madre. 

Se acerca el convoy y ves la expresión desanimada, cansada, aburrida, hastiada del conductor. Un hombre de treinta años, cara común, aspecto común, pero quizás con la mente llena de expectativas sin cumplir, rebosada por tanto tiempo sin ver un sueño convertido en realidad. Encerrado en un cachito de mundo, oscuro, hostil, deshumanizado, lleno de botones y con la vida de cientos acarreando a cuestas. Es lógico, entonces, la curvatura de su espalda y la ligera joroba que se le comienza a notar. 

Te subes. Vendedores ambulantes, niños llorando, señoras maquillándose, hombres a duerme vela, gente con los lentes oscuros puestos (que ya no criticas porque tú lo has hecho alguna vez) y miradas hacia abajo, perdiendo las emociones negativas en alguna aplicación para el celular. Curioso, bajamos apps dizque para estar más comunicados con los que queremos y nuestra burbuja, entre más las usamos, más gruesa se va haciendo. 

Tú te recargas en una de las paredes del vagón. Estás en una de esas líneas que estar en el exterior. Ves el paisaje urbano que de lindo hace mucho no tiene nada; a pesar de que en tu biografía de Instagram afirmes que la belleza está en todos lados. Piensas en lo que harás en la oficina, en que esa canción ya no te gusta más, que debes decirle adiós a ciertas canciones que ya no representan parte de tus gustos. Te checas el maquillaje con el reflejo que te proporciona la superficie del smartphone y continúas viendo a la nada y al todo. 

Desciendes del transporte y caminas, procurando no pegar o ser pegada. Procurando no cruzar visión alguna, no llamar la atención, ser alguien más del montón. Avanzar rápido hasta donde la multitud te lo permita. Caminas y te alegras de que nunca tuviste que bajar la velocidad porque no tuviste que chocar con la gente, te encierras y éso es algo bueno. 

Transbordo finalizado. Alcanzas las puertas abiertas del nuevo tren, y te encuentras con rostros de preocupación, maldad, flojera, desesperación, aburrimiento y de envidia, mezclado con enojo y un toca de perraldad. 

A ti te vale madre, como tú le vales madre al resto del mundo. Te sumerges en la alberca musical que traes en los oídos, la frescura de las notas contrarresta el vapor de sauna que se genera dentro de un vagón en hora pico. Hubieran subido los dos pesos al boleto bajo esa consigna: AQUÍ VIENES Y TE DESINTOXICAS, SIN NECESIDAD DE GASTAR EN OTRO LADO, ¿VES?, NOSOTROS PROCURANDO TU BIENESTAR. 

Aprovecho... Mancera, púdrete. Voté por ti y has sido mi segunda mayor decepción, después de ese niñato de secundaria que me hizo mi vida de prepuberta algo así o más horrorosa.

Equis. 

(Escribo después). 


sábado, 26 de julio de 2014

SEXTING, a sex thing.

Típico: Niña busca niño, niño busca niña. En la vida real, nada. En el mundo de las apps, todo. Playstore, OKCupid, download. Sign in. Crear un perfil, (cómo te llamas, dónde vives, edad, gustos, dirty little secrets, qué buscas, SAVE).

A tu perfil aterrizan chicos (y chicas, si le pusiste que eres BICYCLE) y empieza el virtual-flirting. "Hola, ¿cómo estás?", "Hola, me gustaron tus labios". "¿En serio?, ¿te gusta MUSE?, ¿fuiste a sus mil conciertos cuando vinieron a México?". Aplicas la de Darwin: selección guapural, (o cultural, la que quieras). Si te late, le hablas; si no, lo omites. Como en la vida misma.

Te topas con el chavo guapo, inteligente y divertido. Obvio, no lo dejas pasar. Le das tu teléfono  al quinto mensaje, para whatsappear, ya sabes. Comienza la plática amena, la linda, la tierna, la cero sexual. Te cae bien porque no es tan duro y a la cabeza (sí, ESA cabeza).

Te sientes tan en confianza y decides decirle que, como buena nerd, tímida (en cuanto a relaciones amorosas se trata) y acomplejada, te gusta todo lo que contemple sexo sin presencia del otro. Sí, has hecho el sexting como veinte veces antes, con cuatro personas diferentes, ya sabes lo que sí, lo que no, qué tono emplear, cuáles palabras clave usar. Mientras, tristemente te das cuenta que los hombres se calientan con las mismas mismísimas cosas.

Lo has hecho con un compañero de la primaria, otro que conociste en la calle, con un palestino y con WHO THE HELL? pero se sintió rico. Estás lista. Él comienza a preguntar sobre tu vestimenta, sobre lo que le encanta de ti (lo visible en la foto de WA), sobre lo sexy que se escucha tu voz. Comienzas a emplear un tono aún más sexoso. Se le para. Manda fotos. Te mojas. Te excitas tanto que en realidad sí desearías su presencia a tu lado.

Él también se ve guapetón, educado, con una voz no-sexy, pero si abre-piernas. Te comenta todo lo que te haría. Lo que te tocaría. Lo que te metería. Lo que te sacaría. Lo que te vería. Tú, tú encantada de la vida. Lo quieres. Lo realmente pinches quieres. Le mandas fotos, le dices lo que le harías. Lo que le tocarías. Lo que le lamerías. Lo que le sacarías. Lo que verías. Él, él encantado de la vida. Te dice que ya se vino y la sigue teniendo dura. Te gime y te lo manda por notita de voz. Confiesa la longitud del chorro, de las palpitaciones...

Te vienes, se viene, se vienen. Se "mi amorean", se "mi bebeéan", se "mi reynean". Se dicen lo mucho que les gustaría estar en el mismo lugar, en la misma ciudad, en el mismo cuarto, en la misma cama. Se desean; pero saben que así están bien. Él continúa con su novia y tú con tu vida de soltera-hija de papi-universitaria. Te repites constantemente que la vida es hermosa. Vas al servicio social y lo único que deseas es sentir esa humedad en tu vagina que indica lo caliente que estás, lo mucho que te quieres meter su pene para que te fotocopie por el anverso y el reverso, por arriba y (descubriendo cosas nuevas), por abajo, justo entre tus pies.

Pero, al final del día, al final de uno de esos días, decides que es suficiente. Que ya no quieres más. Que lo que hacen está mal. Sale a escena una depresión disfrazada de moral. Contemplas lo que él tiene (novia) y lo que tú posees (soledad). Estás consciente de que él está haciendo todas tus fantasías realidad con ella. Que mientras se la coge, mientras siente sus senos, su cadera, su cintura, tú, tú estarás viendo una película de HBO en la sala. Sobre el sofá. Sola. Éso es lo que te queda de él: su ausencia. "Bloquéalo de Twitter, bloquéalo de WA, de Telegram, pónlo en la lista de teléfonos no deseados, elimina toda la conversación, quita las fotos, las grabaciones, todo. Se lo merece. Es un maldito zorro. Engaña a su novia contigo. Eres la puta, la perra, la amante de alguien que ni conoces en persona", te dice tu cabecita y te dice bien.

"Por éso, por éso es que no tienes novio. Por miedo. Miedo a que no le gustes toda, a que no te ame lo suficiente, a que te engañe con la pendeja needy que se topó en una aplicación de citas", te dice tu cabecita (sí, también) y dice bien, también.

Por fin. Después de hacerlo. Después de recuperar tu autoestima, sales a la calle. Te topas con mil parejitas. Feos con feas, guapos con guapas, guapos con feas, feos con guapos, (y también admítase sus combinaciones homosexuales). Descubres que el amor es hermoso. Que hay alguien por allí para ti. Que sólo es cuestión de tiempo. Que puede estar a la vuelta de la esqui... PUTA MADRE.

En la esquina, pero de la acera de enfrente, está el pendejazo que te trajo como imbécil cuatro años de tu vida. Sí, el idiota que te gustaba en la secundaria. Al que le juraste amor eterno y que después de él no podrías amar a nadie más (lo cual ha sido relativamente cierto). Lo viste. Se vieron. Seguiste. Siguió. Mientras te alejabas lo más rápido posible de la zona, contabas una y otra vez las ocasiones en que te has sentido liberada, capaz de amar y ser amada, y se ha aparecido él. Como una especie de señal, la cual se puede bifurcar: AJÁ, SEGURO, ¿AMAR?, ¿PARA TI?, JAJAJAJA, NO. TEN, ALLÍ ESTÁ LA PRUEBA DE QUE TE QUEDARÁS SOLA PARA SIEMPRE, o la otra AJÁ, SEGURO, ¿AMAR?, ¡SÍ!, ALLÍ ESTÁ AL QUE SIEMPRE HAS AMADO, AL QUE NO PUEDES SUPERAR, ÁMALO, ÁMENSE, SIEMPRE FUERON EL UNO PARA EL OTRO.

Lo que sí es que su mirada y su olímpica ignorada hacia tu persona te deja muy en claro que es la primera opción de señal, by far. Lo escribes en tu blog, y esperas suprimir el episodio mientras, irónicamente, se lo compartes al mundo entero. ¡Bien ahí!

viernes, 25 de julio de 2014

I'm not.

I'm not made to love. 
I'm not made for being loved by someone.
Maybe my parents, my bro and dog, maybe not.
I don't feel love. 
I'm alone in this crowded world. 

I'm the vortex of evilness.

The war is on. 
The life is a battlefield.
Wear your weapons on, and your bravery. 

Aim, and shoot again, and again. 
Kill the fear, the pain, the shame and regrets.
The cowardness, the poverty, the hunger and the aids. 
The robbery, the bad government, the bills, and the years.
The nightmares, the rapes, the bullshit and pills. 
The fake hopes, the unfair, the loveless and deaths. 
Kill whatever has to be killed, clean this world of the remains of me.  

You will be the future of my past, and you have the chance to chasing what is right. 
Come, and dream with me: let's win this war, whatever the cost, even if the cost is me. 

Pareces un chico lindo...
                                  
   



                                         Aléjate de mí.